IV (4)
La casa de mi vejez tal vez no esté
llena de hijos ni de nietos.
Ni de gatos.
Ni de perros.
Ni de plantas (a menos que sean de
plástico).
Sólo habrá libros, cuadernos, y
pilas de dibujos en blanco.
Escritura, literatura y algo más...
IV (4)
La casa de mi vejez tal vez no esté
llena de hijos ni de nietos.
Ni de gatos.
Ni de perros.
Ni de plantas (a menos que sean de
plástico).
Sólo habrá libros, cuadernos, y
pilas de dibujos en blanco.
Una de las escenas más icónicas de Don Quijote, y que se lee por defecto en todas las escuelas, es aquella que se narra en el Capítulo VIII de la primera parte. Es una de las primeras aventuras que el caballero cervantino emprende junto a su escudero, y donde mejor se representa el choque entre realidad y fantasía que tanto caracteriza a la novela. Motivado por la fantasía caballeresca, Don Quijote cree ver unos gigantes donde no hay más que molinos de viento, y a pesar de las advertencias de Sancho Panza, arremete contra ellos. El resultado, obviamente, es que la lanza choca con una de las aspas del molino y eso le da al Quijote el porrazo de su vida, con caballo y todo. El golpe no logra que nuestro caballero loco acepte la realidad, sino que interpreta el hecho bajo la premisa fantástica de que su archienemigo, el mago Frestón, ha convertido a los supuestos gigantes en molinos de viento para amedrentarlo. O sea, la vieja confiable: un mago lo hizo.
Este choque
entre realidad y fantasía es tanto físico, como metafórico. Por eso hoy forma
parte de las representaciones más icónicas de la novela de Cervantes. El molino
de viento, así, forma parte de las imágenes que se encuentran presentes en la
cultura popular cuando se trata de Don Quijote y Sancho Panza. Me atrevería a
decir que es uno de los símbolos más reconocibles de esta historia, junto con
la figura del dúo protagonista.
Este valor
simbólico del molino de viento me llevó a una determinada escena de la primera
película de Shrek, la cual es una parodia de los cuentos clásicos y otros
tropos de la cultura escrita occidental, así como Don Quijote es una parodia de
los libros de caballerías. Como se trata de una película estrenada hace más de
veinte años, es muy probable que todos conozcan su argumento, por lo tanto,
solamente me voy a centrar en la escena que me interesa.
A diferencia
del Quijote, aquí no habrá un choque físico con el molino, el golpe es
más bien sentimental: justo cuando Shrek aceptaba la posibilidad de amar y ser
amado, esa ilusión se rompe al escuchar las palabras de Fiona. El desengaño
lleva al ogro a aceptar su realidad de ogro, comprendiendo que es inútil
abrigar esperanzas de algo distinto.
Entonces, el choque con la realidad en la película tiene que ver con lo sentimental y no con lo físico, y el molino de viento está presente como espacio donde transcurre la conversación que lleva al desengaño y al malentendido entre los personajes. Si bien la intención es distinta con respecto al capítulo 8 del Quijote, porque no trata de producir un efecto cómico sino más bien trágico, me parece significativa la asociación entre las dos escenas desde el plano simbólico. No sé si habrá sido un detalle casual o deliberado por parte de los productores de la película, pero teniendo en cuenta la cantidad de referencias y alusiones paródicas (directas e indirectas) a los cuentos más famosos de la cultura occidental, es muy probable que el equipo creativo haya querido incluir una alusión al Quijote a través de la figura del molino de viento, incluyéndolo en uno de los momentos más importantes del film.
Además, hay
otras analogías posibles entre Don Quijote de la Mancha y Shrek.
Por ejemplo, el rol que ejercen Sancho Panza y Burro, en particular con
respecto a esta escena: los dos conocen la verdad, y son quienes tienen la
tarea de mostrar a su compañero que están equivocados. Sancho Panza le señala
al Quijote que los gigantes son molinos, aunque el Quijote no acepta esa
realidad sino a través de su filtro fantástico. Mientras que Burro conoce la
verdad sobre Fiona y es quien le explica a Shrek que lo de aquella “bestia
desagradable y fea” lo decía por ella misma.
Nuevamente,
puede ser que lo del molino sea una casualidad, o no. Puede que los creadores
lo hayan dicho en algún lado y yo no lo vi. Aunque no sea un descubrimiento que
cambie nuestra forma de leer el Quijote o de ver Shrek, me pareció interesante
compartir este breve análisis con ustedes.
¿Conocen alguna
otra obra de literatura universal que haya sido referenciada en Shrek?
Mi espíritu es libre (ilusoria
libertad).
Mi mente es independiente.
Mi cuerpo es autónomo.
Mi corazón corresponde a la
voluntad de mi conciencia.
Pero temo que las hormonas
exacerben al deseo y que de mis entrañas despierte ese fuego que te empuja a
subyugarte al deseo de otro.
No quiero el rol del ser sumiso.
Aunque sería una buena anécdota
caer tan solo una vez.
Aurelio,
arquetipo de murciélago
persuasivo,
pinchó
neumático,
y
persuadido de euforia
resolutiva,
quiso
cambiarlo.
Pero vio,
con sanguíneo
furor,
que no
estaba equipado.
Eulogia,
su seguidora,
estudiosa
de la ecuación,
eufórica
de la persuasión,
lo riñe,
como con
menstruación
asintomática,
y le dice:
“Si no
llegamos,
¿cómo
impulsaremos
la
educación
de las
comunidades
neuróticas?”.
Aurelio,
estudiando
el clavo
enquistado
en el
neumático,
desquitando
con el pie
su ira
sobre él,
profiere
un enunciado
algo
desubicado:
“¡Qué
porquería!”.
Un
conocido, profesor de secundario,
auténtico
enunciador
de
oscuridades
y
denunciador
de
cuidadores
negligentes,
pasa en su
auto
y se
detiene para ayudarlo.
Para empezar,
examina
el clavo
en el neumático,
intenta
quitárselo
pero cae
de espaldas
en la
calle.
Un
arquitecto
en
camioneta
logra
esquivarlo
dando el
esquinazo,
y le grita:
“¡Voy a
denunciarlos!”.
“Anunciemos
el retraso”,
propuso
Eulogia,
y Aurelio
aceptó
sin
cuestionar.
El
profesor llamó
a la grúa,
y al no
conseguirla,
con su
auto los remolcó.
Y Eulogia
lo fue guiando
para que
no se fuera
a
equivocar.
Al pasar
por el parquecito
del
Marquesito,
este los
saludó
con
impetuosa opulencia,
mientras
miraba el superclásico:
Surrealismo
simultáneo
vs.
Muestrario
resucitado.
Más allá
se corta la calle
por el
desfile superlativo
de
pañuelitos refugiados,
renunciados
y denunciados.
Por la
regulación meticulosa
de
oficiales insuperados
los coches
perjudicados
doblan por
el camino
estipulado.
Entre
ellos va la grúa,
con
Aurelio, Eulogia
y el
profesor desvinculado.
Luego se
detienen con precaución
ante la
concurrencia
por la
competencia
de
equitación.
Y lloriquean
por tal retraso
que
destruirá su reputación
ante la
Supervisora
de la
degustación.
Aurelio,
todo un gesticulador,
hace
varias alusiones
al
conductor,
y recurre
entonces
al
estimulador
paquetito
de cauciones.
El chofer
supeditado
baja el
pie al acelerador
y aprieta
la mano
sobre el
volante.
Si no
fuera por el hidrante
esto sería
una historia
de
superación.
Son seres simples y prácticos, de
hábitos concretos y experiencias profundamente materiales.
Son seres odiados y calumniados,
pero responden con igual ferocidad a quienes los señalan.
Son seres que tienen tanto un lado
agresivo como un lado sentimental.
Son seres a los que a veces se les
exige más de lo que saben dar.
Son seres de instintos muy básicos
y de principios colectivos a pesar de la soledad que los persigue.
Pueden llegar a entenderse mejor
con sus propios pares que con los distintos, con quienes comparten especie,
pero no anatomía.
Yo los observo desde mi lente
doble. Los mandatos sociales inculcan que ha de haber uno para mí. Se supone
que en algún momento de mi vida podré domesticar al menos a uno… el suficiente
tiempo como para cumplir uno de los imperativos vitales (nacer, crecer,
reproducirse, morir). Luego se irá o yo lo echaré.
Pero no es tan fácil. Curiosamente,
me ocurre lo mismo que a varios de esos especímenes incapaces de emparejar su
realidad.
Tengo el anzuelo, aunque no la
carnada perfecta. Y son seres selectivos, tanto como los otros seres con los
que comparten especie, pero no anatomía.
Mientras tanto, sigo observando.
Quiero escribir, pero tengo que ir
a trabajar.
Quiero escribir, pero tengo que
preparar actividades para mis cursos de secundaria.
Quiero escribir, pero tengo que
corregir trabajos prácticos de mis cursos del terciario.
Quiero escribir, pero que ir a
abrir mi negocio y ponerme a producir.
Quiero escribir, es viernes por la
noche, pero estoy muy cansada, ya es tarde.
Quiero escribir, pero este sábado a
la noche vienen visitas.
Quiero escribir, pero no puedo
porque la inspiración se fue más temprano.
Quiero escribir, pero tengo que
prepararme para las materias de una licenciatura que empecé por completar una
trilogía de títulos.
Quiero escribir, pero necesito un
tiempo propicio y una liberación mental completa.
Quiero escribir, pero también
quiero salir, caminar, dibujar, ver una serie… y leer, por supuesto.
UN SPLEEN POSMODERNO
Pequeños poemas en prosa
…o prosa pseudopoética
Heidenreich, Fabiana
Invocación
Sombra terrible de Charles
Baudelaire, voy a evocarte, para que, sacudiendo el melancólico polvo que cubre
tus letras, te levantes a contemplar la vida posmoderna, y ya me dirás cuánto
se parece al ocaso de tu siglo, enceguecido por el farol oscuro del progreso.
Nos separa un abismo de más de cien
años, además de la brecha del talento. Aunque hacer poesía no es lo mío, hoy
pretendo hacer un intento a través de esta prosa.
Buenos días/tardes/noches, según cuándo estén leyendo esto. Quisiera darles la bienvenida a mi pequeño y humilde blog, este diminuto aster...