Palabras en la calle, en la vereda,
en los carteles y vidrieras,
cursiva o imprenta
a color o en blanco y negro.
Pequeñas, grandes, medianas,
fundidas entre logos,
publicidades, señales y luces,
todas gritando, implorando, ordenando:
¡Siga!, ¡Pase!, ¡Pare!, ¡entre y no salga
hasta haber comprado algo!
Palabras metafóricas, figurativas
que pelean entre ellas
por atrapar, cautivar, retener
la mirada de los transeúntes,
de los peatones, de conductores.
Palabras literales, reales, imperativas
que se cuelgan de pasacalles,
de carteles verdes o mensajes multiplicados
por la vía pública.
Palabras en movimiento
que aparecen y desaparecen,
que corren, que te ven correr.
todas las fuentes y tamaños,
Palabras para todos los gustos
con signos, sin signos,
siempre con exclamación,
jamás con preguntas.
Palabras reproducidas a las órdenes
del lenguaje del consumismo,
o del tránsito, o del espacio.
Palabras camufladas
en los rincones, en ese centímetro
descolorido en el que nadie ve
o que todos miran sin mirar.
Palabras con personalidad propia,
con persistencia en la memoria
remota del público, de la tv, del internet.
Palabras que saltan de pantallas
o gigantografías,
a veces a la sombra
de las omnipresentes imágenes.
Las palabras son las joyas de la
Corona,
los accesorios con los que la ciudad
se adorna con la lengua.
La ciudad se come el idioma
y lo escupe por todas partes.
La ciudad quiere verse y sentirse humana
con lo más humano que hay:
la Palabra.
Y quiere ser significante y significado
De humanidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario