miércoles, 1 de julio de 2026

Escritura humana ASMR

 

Tintineo de las campanillas al abrirse la puerta. Rechinar de suela de goma sobre el piso encerado. Un “Hola” suave y femenino seguido de otro “Hola”, también femenino, pero más cansado. Los rechinidos de goma se dirigen al pasillo de los snacks, mientras cuatro uñas de acrílico tamborilean impacientes sobre el mostrador. Crujen los metalizados paquetes de papas fritas cuando las manos visitantes los tantean. La puerta del refrigerador de las bebidas suelta un resoplido cuando una mano la abre mientras la otra sostiene el paquete de papas.

De pronto las campanillas vuelven a chocar con fuerza en la entrada. Pasos pesados ingresan rápido y se detienen ante el mostrador. Un chillido corta el aire en seco. El grito ronco de un vozarrón exige el botín. Inmediato, el clink de la gaveta y unos ruidos inteligibles, como de papeles arrancados debajo de resortes.

Un leve entrechocar de botellas. Milésima de segundo, estallido de vidrios y gaseosa sobre una cabeza encapuchada. Ruido fofo de un cuerpo desplomándose al tiempo que rebota el plomo frío en la baldosa. Silencio repentino. Una respiración agitada, la otra casi muda.

Las sirenas ensordecen el barrio y lo enceguecen de rojo y azul, y también de verde. Una voz languidece en llanto mientras otra voz se defiende: “sin comentarios”.

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  Buenos días/tardes/noches, según cuándo estén leyendo esto. Quisiera darles la bienvenida a mi pequeño y humilde blog, este diminuto aster...