Desde que había roto su
taza favorita por tropezarse con una de esas malditas ramas, la cosa se había
vuelto personal.
Aquel general retirado
pretendía dedicar sus últimos años al descanso y la contemplación, después de
una vida al servicio de la Patria. El precio de esa quinta le había resultado
más que razonable, teniendo en cuenta las comodidades de la casa, el amplio
parque, la enorme pileta y los árboles frondosos que bloqueaban la vista del
exterior. Además de un buen muro de ladrillos que circundaba la propiedad,
manteniendo a raya a los curiosos y a los intrusos.
Era una propiedad
perfecta… salvo por la enredadera, que trepaba por una esquina del muro y se
extendía hacia el ala oeste de la casa. Pero eso no parecía tan amenazante al
principio, cuando el general la compró. De hecho, los agentes de la
inmobiliaria habían hecho limpiar todo el terreno antes de la venta, quitando hasta
la enredadera.
No era tan raro que
volviera a crecer, después de todo la naturaleza suele ser persistente. Sin
embargo, el problema de la invasiva planta trepadora ya resultaba alevoso: se
la cortaba de un lado, crecía del otro. Y con más ahínco, con más fuerza, con
más longitud. Jardineros de todo tipo pasaron por la propiedad, y ninguno había
logrado erradicarla para siempre.
Hasta que un día la
esposa del general fue a visitar a uno de sus hijos que vivía en el exterior,
por lo cual estuvo varios días fuera. Ella volvió antes de lo previsto, porque
su marido no le devolvía las llamadas. La señora sospechaba una infidelidad o
un accidente, pero lo que se encontró fue muy distinto.
Algunos dicen que quiso
quemar la casa, pero fue detenida a último momento. Otros dicen que decidió no
venderla para que no representara un peligro para otras personas. Todos
cuentan, estupefactos, que la mujer se mudó de allí, dejando la propiedad a merced
de la enredadera. Muchos han escuchado, de boca de ella misma, que el general
se suicidó, colgándose de una viga, pero pocos lo creen sinceramente. La
mayoría está segura de que en realidad lo estranguló aquella diabólica planta,
pero nadie lo afirma en voz alta.