Son seres simples y prácticos, de
hábitos concretos y experiencias profundamente materiales.
Son seres odiados y calumniados,
pero responden con igual ferocidad a quienes los señalan.
Son seres que tienen tanto un lado
agresivo como un lado sentimental.
Son seres a los que a veces se les
exige más de lo que saben dar.
Son seres de instintos muy básicos
y de principios colectivos a pesar de la soledad que los persigue.
Pueden llegar a entenderse mejor
con sus propios pares que con los distintos, con quienes comparten especie,
pero no anatomía.
Yo los observo desde mi lente
doble. Los mandatos sociales inculcan que ha de haber uno para mí. Se supone
que en algún momento de mi vida podré domesticar al menos a uno… el suficiente
tiempo como para cumplir uno de los imperativos vitales (nacer, crecer,
reproducirse, morir). Luego se irá o yo lo echaré.
Pero no es tan fácil. Curiosamente,
me ocurre lo mismo que a varios de esos especímenes incapaces de emparejar su
realidad.
Tengo el anzuelo, aunque no la
carnada perfecta. Y son seres selectivos, tanto como los otros seres con los
que comparten especie, pero no anatomía.
Mientras tanto, sigo observando.