Hace un tiempo se me dio por experimentar, escribiendo poesía a partir de la selección de palabras que compartieron algún rasgo, fuera sonoro, gráfico o ambos. En este caso, empecé con una lista de palabras que contuvieran las vocales u-e-o, en ese orden: puerto, puerco, cuerpo… y así sucesivamente, con combinaciones de letras que iban formando nuevas palabras. Así fui haciendo una lista, y de esa lista, salió este poema.
Una mañana
arribó al puerto
un barco
pesquero
cargado de
hambrientos
marineros.
Ávidos de
comer puerco
entraron a
un bodegón
con el
cartel chueco.
Una moza
los atendió
de pelo
suelto
y sonrisa
de cielo.
Les
ofreció el especial de la casa:
Puchero de
cerdo
con mucho
puerro.
Mientras
esperaban la cena,
alegremente
recitaron
la
historia del capitán Cuervo,
que tenía
de compañero
uno de
aquellos pájaros negros.
Cuenta la
leyenda
que una
noche en altamar
al agua
cayó ebrio
y su
cuerpo
fue
hallado
en la otra
orilla
por un
pescador
y una
doncella.
Al parecer
respiraba todavía,
y en lo de
una piadosa
curandera,
le
aplicaron
un
milagroso suero
que lo
dejó como nuevo.
Ahora solo
bebe agua
de una
botella de cuero.
Cuando el relato
llegó a su fin,
un olor
caliente
cautivó la
nariz
de los
marineros.
Con su
sonrisa vino la moza
cargando
una enorme olla.
Los
estómagos rugieron
al son de
aplausos
y revolear
de sombreros.
Pronto
dieron cuenta las bocas
de cuanto
había en platos y cuencos.
Y la noche
cerraron con buena ronda
de
estruendosas coplas
y romances
chapuceros.
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