sábado, 15 de febrero de 2025

Reseña literaria #14: "Los jazmines de la muerte", de Fernanda Salguero

 


Y volvemos con las reseñas, esta vez de otro libro cargado de flores y cadáveres. A diferencia de El perfume, no tenemos un asesino serial con un olfato prominente, sino una serie de asesinatos cuyo hedor no puede ser disfrazado por el aroma de los jazmines.

La historia gira en torno a la familia Izvecolcavi, su casona, sus dramas familiares y económicos y todas las personas que la rodean. El patriarca, Abelardo, es un tipo de carácter difícil y sumamente posesivo. Amasó su fortuna gracias a la administración de una estación de trenes, y gestiona sus negocios de la misma forma que su familia. Un tipo bastante controlador al que le preocupa más la reputación de su apellido y las apariencias que la felicidad de sus seres queridos. Además de que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de obtener lo que quiere o proteger sus intereses. Eso se nos muestra ya desde el primer capítulo, de hecho. Junto con Arlet, su esposa, tienen cinco hijas: Melania, Eider, Samay, Dolores y Zenda, tres de las cuales están casadas, y todas tienen una relación muy conflictiva con su padre, ya sea por términos económicos, por querer tomar parte en la empresa, o simplemente porque se sienten muy limitadas para hacer lo que realmente desean. Abelardo me pareció uno de esos tipos que le controlan la vida a su familia y se sienten con el derecho de hacerlo sólo por ser el “proveedor”. Pero no sólo tiene una mala relación con su esposa o con sus hijas, sino con Greta, su hermana, a quien no le permite ir a la casa o ver a sus sobrinas.

Aparte de los Itzecolcavi, entre quienes frecuentan la casona con el hermoso jardín de jazmines tenemos a Joel Nill, vecino y ex socio de Abelardo; Eladio el mayordomo; Arsenio el jardinero; Yelina y Abril, mucamas; Silvia, la cocinera; y Ariel, ayudante del jardinero. Además de Fausto, el abogado; Ignacio, el secretario; Ivo, representante de los trabajadores. Sin olvidar a los maridos de Melania, Eider y Samay. Hay un montón de personajes, y a veces se hace un poco mareante seguir las acciones de todos.  

Algo que afecta la experiencia de lectura es la ausencia de diálogos. Toda la novela está narrada en estilo indirecto, es decir que no se muestra lo que se dice, sólo se nos cuenta. Un sabio amigo mío dice siempre: “Mostrá, no contés”. Hay muchas conversaciones y discusiones que me hubiera gustado leer directamente con las palabras y las expresiones de los propios personajes. Eso habría ayudado mucho además a reconocerlos por su vocabulario, por su forma de hablar, y así ver transparentada también su personalidad. Los diálogos le darían equilibrio a la obra, haciendo que la lectura no se haga tan densa por la presencia de tanta prosa.

Otra cuestión que me ha resultado llamativa dentro de la estructura narrativa es la distribución desigual de la información. Más de la mitad del libro se consume en capítulos que relatan la historia de los personajes principales, con especial foco en las hijas y su madre. Aunque nos ponen en contexto sobre cómo son las mujeres de la familia, sus vidas, sus dramas, sus pasiones y sus conflictos con Abelardo, estos capítulos provocan la dilatación del nudo dramático. Había llegado un momento en el que me pregunté hacia dónde me quería llevar la novela, hasta que ocurrió el primer homicidio (al que le seguirán otros tantos), y se empieza a desarrollar la trama policial, que se siente muy apresurada en comparación con la primera parte.

Las novelas policiales o de misterio y suspenso me parecen las más difíciles de escribir, porque el autor (que sabe cómo ocurrió el crimen y quién es el criminal) debe cuidarse muy bien de ir dosificando la información a lo largo de las páginas mientras los detectives van indagando, interrogando a los sospechosos, buscando pistas, analizando evidencia, etc. A partir de la investigación detectivesca es como se van revelando, por ejemplo, cómo son realmente las relaciones dentro de una familia que aparenta ser perfecta y tener la vida solucionada. Odios, rencores, infidelidades, problemas de dinero, todo terminará saliendo a la luz tarde o temprano. Y lo cierto es que la familia Itzecolcavi, más la gente que la rodea, dan bastante tela para cortar en una investigación por múltiples homicidios: todos son sospechosos, cualquiera puede ser culpable.

A lo que voy es que quizá hubiera sido mejor si la narración de las historias personales de cada personaje estuviera entrelazada e integrada con la investigación policial. De esta manera, la trama fluiría de manera más orgánica, manteniendo el suspenso en el lector. Además, causaría más impacto conocer a los personajes a través de la intervención de los detectives. Escritoras y escritores tenemos que aprender a jugar con las impresiones y expectativas de los lectores, pintando a los protagonistas de una forma, pero después deshaciendo esa pintura para revelar la verdadera cara de cada uno. Así, sería mucho más impactante, por ejemplo, descubrir que alguien de la familia tiene una relación homosexual clandestina, a espaldas obviamente de su cónyuge. Es decir, no produce el mismo efecto conocer, desde el principio, todo sobre los personajes antes del crimen, que si se nos va dando a conocer a medida que se va investigando el mismo. Por otra parte, en cada homicidio podría haber una o dos pistas que conduzcan a diferentes sospechosos y sean una oportunidad para escarbar en su pasado.

Entonces, los dos aspectos más importantes en los que la novela podría mejorar serían principalmente esos dos: la inclusión de diálogos (que en el género policial son muy importantes, de hecho) y la reorganización de la narrativa. En cuanto a la historia, a nivel general, me parece muy buena, si bien tiene algunos cabos sueltos. Pero en lo que refiere a ambientación, a las relaciones sociales y de clase, a los conflictos e intereses, la esencia de Los jazmines de la muerte tiene un tono que me recuerda mucho a las novelas de Agatha Christie. Hay potencial en la obra, solamente hay que saber explotarlo.

Como observación adicional, aprendí un poco sobre los jazmines y sus cuidados. Cada capítulo lleva como título el nombre científico de una variedad de jazmín y de otros tipos de plantas. En cada uno se incluye una nota al pie que explica qué es cada uno. Me gusta el simbolismo de las flores aplicado a los personajes y, claro, también a las escenas del crimen.

No sé si Los jazmines de la muerte sea la primera novela de Fernanda Salguero, pero como todo en la vida, siempre podemos mejorar. Desde este espacio, mi intención es brindar una crítica constructiva partiendo de mi experiencia de lectura y escritura. Como dije, la historia y el trasfondo de los personajes me parecen interesantes, lo otro son cuestiones formales que es importante tener en cuenta para proyectos futuros, o en caso de que sé la oportunidad de hacer una re-escritura de la novela. 

Para ir cerrando, quiero agradecer a la autora y al equipo de Creativa Servicios por permitirme leer y reseñar este libro.

¡Nos leemos pronto!

 

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