No temo afirmar
que es una de las mejores novelas que leí desde que empecé a escribir reseñas.
El conflicto parental me parece a mí uno de los temas más potentes de la
ficción, y acá está muy bien desarrollado. De un modo metafóricamente análogo a
Cronos, el tenor Pregonas devora a su hijo o, más bien, lo absorbe, para que
Aubrey Herbert se convierta en él y perpetúe así la fama del padre. El hijo
está destinado a convertirse en el padre, gozando del mismo reconocimiento,
pero a costa de perder su historia y su identidad. Y eso es lo que busca
desesperadamente el joven: regresar al pasado, recuperar su pasado,
retornar al niño que era antes de que cayera sobre él lo que después
llamaría “la sombra de Pregonas”.
Lo que detona
el desequilibrio en Aubrey Herbert es la afonía: al perder su voz, se pierde a
sí mismo, o ese que su padre pretendía que fuera. Entonces se produce el
quiebre, en ese momento que también es muy potente si hablamos de conflictos
parentales: el asesinato, físico o simbólico, del padre. El protagonista
necesita liberarse, por todos los medios, del tenor Pregonas y de su constante
acecho, para ser Aubrey Herbert, para ser su propio hombre y no una
continuación de su progenitor. Porque encima su madre, Samantha, murió cuando
él era pequeño, y por desgracia no hubo nadie más que pudiera mediar en la
relación entre padre e hijo y evitar que el tenor Pregonas moldeara al muchacho
para que fuera su continuador.
La novela está
cargada de metáforas y de símbolos que orbitan todo el tiempo en la narración. Uno
de ellos es la caja, la caja vacía, que además de tener un significado
concreto (la caja donde se guardaba el traje del tenor Pregonas, lo que
representa su figura) sino también un significado metafórico en relación a cómo
se siente el protagonista o cómo se ve su situación. Su cuerpo es habitado por
otro, pero el habitante original no tiene historia ni identidad.
Las entrevistas
con el Dr. Borowski, si bien son breves y escuetas, aportan detalles
suficientes para complementar lo que paciente revela en su diario con mucha más
profundidad. Así, nos deja conocer lo que fue, lo que es, lo que debió ser, lo
que no debía ser. Hay mucho juego con las apariencias y con las incógnitas que
van surgiendo a lo largo de todo el proceso que atraviesa Aubrey Herbert
durante su internación, hasta que por fin consigue su objetivo, y entonces
aguardamos un buen final, donde comience a vivir como él mismo, libre de la
sombra del tenor Pregonas. Pero…
Podría decir
mucho más de La caja vacía, aunque no quisiera hacer ningún spoiler y
preferiría que pudieran leerla y experimentarla por su cuenta. No es muy larga,
y si te gustan las novelas psicológicas, seguro te va a interesar.
Quisiera cerrar
con un agradecimiento a Paula Cardozo y a Creativa por permitirme leer y
reseñar este libro.
¡Nos leemos
pronto!
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